Un día de concierto de bandas sonoras

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Era un domingo. Debían ser sobre las 15:30 cuando cogí el coche dirección Barcelona. Se celebraba un concierto de música de cine en El Auditorio de dicha ciudad a las 19:30 y, como si de un niño pequeño se tratara, no estaría tranquilo hasta que llegara al lugar. Lo cual hice a las 17:00. Todavía quedaban más de dos horas de espera, pero eran tantas las ganas de poder escuchar un concierto de bandas sonoras, que no me importaba esperar. Sabía que iba a ser muy bueno, y merecía la pena la espera.

En la entrada se creó un ambiente especial. Por un lado los músicos entrando y saliendo. Los aficionados expectantes y ansiosos por entrar. Y para amenizar había algunos vestidos con las indumentarias de personajes de las películas. Estaba 'Indiana Jones', Leia, Jack Sparrow... en fin, hasta me hice alguna foto con ellos, como si fueran jugadores del Barça o del Madrid. Aunque había leído por internet el programa de la noche no me faltó tiempo para buscar y conseguir uno. Después de leerlo comprendí que estaba justificada la aparición de aquellos pintorescos personajes.

Una vez abrieron las puertas, comencé a subir hasta la tercera planta, algo así como el 'gallinero' del lujoso 'Auditorio' y llegué a mi asiento. Era un escenario ideal para semejante experiencia y por fin había llegado el momento. Las luces comenzaron a apagarse y la orquesta con sus músicos empezó a desfilar, ocupando cada uno su lugar. Conté entre 60 y 70 músicos aproximadamente. Estaban los instrumentos de viento, de percusión, de cuerda, en fin... una maravilloso elenco de profesionales a punto para hacernos una velada inolvidable. Las pruebas de rigor de los instrumentos dieron paso a la entrada del concertino que fue recibido con aplausos por el público. Este comenzó a 'repasar' que todos los instrumentos estuvieran bien 'afinados' y en perfecta sinfonía con sus compañeros. ¡Ha! Y por fin salió el director de la orquesta. Había llegado el momento que tanto había estado esperando, y yo estaba emocionado. No sabía cómo ponerme, pero hice un esfuerzo y traté de relajarme. Aquella oportunidad no podía perderse, había que disfrutarla, saborearla, sentirla bien adentro. De modo que me puse cómodo y puse mis ojos y oídos bien atentos al frente.

Las primeras notas me sobrecogieron... era la música inicial de Star Wars. ¡Qué bien sonaba aquella orquesta! ¡Qué maravilla escucharles! Había sentido aquella melodía muchísimas veces, pero aquella era la primera vez que podía 'ver y escuchar' la música de La Guerra de las galaxias con una orquesta en directo. Vibraba con cada nota. Sentía que aquel momento era muy especial y que debía disfrutarlo. La penumbra, la orquesta fulgurante, el director transmitiendo toda la fuerza y el silencio del auditorio, hicieron que en ese momento sintiese como si estuviera dentro de la película. Al terminar el auditorio al unísono estalló en aplauso. Era evidente que todos estaban imbuidos de la misma atmósfera.

Los siguientes temas se fueron sucediendo uno a otro;



No podía menos que imaginarme cada una de las escenas de las películas que aquellas piezas musicales sonaban en mi mente. Las podía ver y palpar. Las sentía dentro de mi. Miraba a cada músico con atención. Estaban concentrados al máximo siguiendo con atención al director mientras no dejaban de interpretar las notas de la partitura que tenían en frente de sus ojos.

Se hizo un pequeño receso. Se habían producido muchas emociones y hacía falta asimilarlas bien antes de la segunda parte que sería, como mínimo, igual de esplendorosa.

Siguiendo la misma 'liturgia' que al comienzo del concierto, fueron apareciendo de nuevo los componentes de la orquesta, después el concertino, que volvió a 'afinar' los instrumentos, y ya ¡Por fin! El director. Todos volvimos a sentarnos sin terminar de encontrar la posición en el asiento. Pero la nota inicial nos volvió a imbuir en la música.

Primero fue el tema principal de James Bond, y después;



Habían sido casi dos horas de música maravillosa. El director y su orquesta habían conseguido su objetivo; hacernos sentir, vibrar, emocionarnos. Teníamos una combinación de alegría, fulgor y cierta especie de paz interior. Con cada uno de los temas todo el público aplaudía a rabiar. Y después de tocar la última pieza aquello fue una explosión de júbilo. Se había formado una simbiosis entre los músicos y nosotros. Ya nunca podríamos olvidar aquella experiencia y marcharíamos a casa con la gran satisfacción y el privilegio de haber estado en aquel concierto.

El entusiasmo del auditorio fue tal que la orquesta nos obsequió con un par de piezas más, entre ellas; El señor de los anillos. Huelga decir que todos queríamos más, pero nos fuimos recordando cada una de las interpretaciones y momentos vividos.

Durante el concierto comprendí lo atrevidos y temerarios que a veces somos cuando opinamos de forma ligera sobre las partituras y sus compositores. Si esta es buena, si aquella es mala, si este plagia, si aquel compositor tiene poca formación. En fin. El director debía dirigir, 'ordenar' cada nota, cada instrumento, cada músico y no descuidar ni por un momento la partitura, ¿Cómo podía hacer semejante cosa y tan bien? Los músicos debían interpretar al unísono la partitura sin dejar de seguir al director. Intento imaginarme al compositor escribiendo cada nota, cada compás, haciendo la melodía, la orquestación. Estoy seguro que a partir de ahora apreciaré y valoraré mucho más cada una de las bandas sonoras que escuche.

Aquel día en el concierto quedaría grabado en mi retina y mi corazón para siempre.


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