El musical y el cine

¿Cómo puedes saber si algo es bueno o no, caro o barato, si no lo comparas con otros productos que persiguen la misma finalidad, el mismo objetivo? Escuchar los distintos géneros de la música de cine te permite calibrar en su justa medida aquello que pretendes analizar en un marco amplio como son los musicales.

Un buen musical tiene una gran historia que contar. Pienso en ‘Los miserables’, ‘El fantasma de la ópera’, ‘West side story’, ‘Jesucristo Superstar’, etc.

Un buen musical debe tener personajes que sean atractivos. En el film; ‘Sonrisas y lágrimas’ todos los personajes eran ‘encantadores’. En ‘Los miserables’, el protagonista (Hugh Jackman) nos engancha, incluso el propio ‘Guardia de la prisión’ (Russell Crowe) lo consigue. Lucha por aquello que cree que es ‘correcto’. Aunque deforma la justicia, persigue el cumplimiento de la ley con todas sus consecuencias. En ‘El fantasma de la ópera’, el personaje principal (Gerard Butler) nos embauca desde el mismo principio.

Un buen musical debe tener algo fundamental; Las voces que interpretan las canciones deben ‘enamorar’. Y me acordaba de las voces de los intérpretes de ‘Jesucristo Superstar’ (1973), ¡Fantásticas! ¿Y qué puedo decir de ‘Los miserables’ (2012)? Aun sin ser profesionales de la música hicieron algo nada sencillo; grabar en directo las canciones mientras estaban interpretando el papel. ¡Todo un desafío! Pero el resultado fue extraordinario. Miro más atrás y no recuerdo un gran musical que no brillaran las voces.

Un buen musical debe tener canciones que podamos tararear. Que se graben en nuestro oído como un recuerdo imborrable. A mi memoria resuenan musicales como ‘Un americano en París’, ‘Cantando bajo la lluvia’, o más recientemente ‘Yentl’ (1983), ‘Evita’ (1996) o ‘Moulin Rouge’ (2001). En todos ellos hay canciones inolvidables.

Es cierto que en los últimos tiempos se han escrito obras para el cine que tienen un tema principal que es pegadizo (incluso habiendo ganado el Óscar de Hollywood) pero el resto suele pasar desapercibido y al cabo de poco tiempo solo recordamos (a veces ni eso) su tema principal. Dejaré que sea el lector quien piense en algún ejemplo y juzgue por si mismo.

Todos los que somos amantes de la música de cine podemos ‘educar’ nuestro oído, lo que nos permitirá ver un mundo extraordinario detrás de un musical de los años treinta, una magnífica ópera rock de los setenta, o una adaptación más reciente.

‘El score es la música pura de la película’

En los últimos tiempos se han popularizado algunas bandas sonoras compuestas exclusivamente de canciones, y acompañadas por una suite del compositor. Dejaremos que sea el aficionado quien decida si le gusta. Pero también es cierto que los que amamos la música de cine no debemos ‘despreciar’ algunos magníficos trabajos que han realzado la película, y por consiguiente el score. Recordando la idea que quiero destacar; Debemos ‘educar’ el oído con toda la diversidad musical que nos puede enriquecer.

¿Por qué resulta tan difícil encontrar portales de música de cine (páginas Web) que dediquen tiempo y espacio a hablar del papel tan importante que, con el paso del tiempo, han jugado los musicales? ¿Por qué no se le da importancia a las canciones y a sus protagonistas, y no solo a lo que todos conocemos como el ‘score’? No hay una respuesta simple. Si varios motivos.

Funny Face (1957)
'Una cara con ángel' (1957)

Ha pululado en el ambiente de muchos aficionados a las bandas sonoras durante tiempo, incluidos responsables de portales (estos con mayor ahínco) que la ‘verdadera’ música de cine es la música instrumental. Las canciones pasan a una segunda división, o ‘categoría regional’ (como se diría en el argot futbolístico). Parece que lo importante es hablar de Newman, Goldsmith, Morricone o Williams, y no de los musicales de Cole Porter, Andrew Lloyd Webber, o intérpretes como Gene Kelly o July Andrews (por ejemplo).

Las mismas canciones se interpretan en distintas películas

Otra cuestión es que la música instrumental, conocida como score, resulta más fácil de conocer y hacer un seguimiento, no así las canciones. Es decir, si somos aficionados a un compositor, como puede ser el caso de John Barry, su discografía es fácilmente identificable, mediante las películas, grabaciones etc. (sin entrar en estilos, tonalidades o sonidos propios del compositor). Cada película tiene su propia banda sonora, su propio traje a medida, como una huella digital exclusiva que identifica a esa película y no hay equivocación. Con las canciones no ocurre esto. Pueden repetirse en una y otra película, y ser interpretadas por uno u otro cantante. Con el paso del tiempo ha ocurrido que las mismas canciones se han escuchado muchas veces en el cine, por diferentes voces, y al final no es fácil saber la película original de la canción. Algunos ejemplos;

‘S’ Wonderful’ (1927) de George Gershwin.
Esta canción fue interpretada al menos en tres películas:

AñoPelículaIntérpretes
1964‘Bésame, tonto’Dean Martin
1957‘Una cara con ángel’Fred Astaire con Audrey Hepburn
1951‘Un americano en París’Gene Kelly

No es un estilo actual y conocido

Por otro lado, los musicales tenían tanta relevancia, que llenaban las pantallas de las salas. Las canciones formaban parte intrínseca de muchas películas. Entonces lo normal era escoger un compositor de score, uno de canciones y uno de las letras, y no eran cualesquiera. Los había muy buenos.

Ese formato de cine hoy no existe. Desde hace mucho se ha optado por ‘insertar’ canciones ‘pegadizas’ que vendan o comercialicen la película. Nada tiene que ver con el formato que se daba en las décadas mencionadas anteriormente. Como resultado existe un desconocimiento importante de los musicales y canciones de aquella época. Es un estilo que hoy no se ‘vende’ y en consecuencia no genera interés. Además, no es fácil acceder a esta música (ha pasado mucho tiempo).

¿Ha sido escrita para el cine o no?

Por último, se hace cada vez más difícil distinguir cuales son las canciones originales hechas para el cine, y aquellas que fueron compuestas para ser interpretadas por un grupo o cantante y que, más tarde, el cine popularizó o añadió a su film.

Por ejemplo, el conocido tema ‘Lady Marmalade’, ha sido interpretada en varias películas, entre ellas; ‘Moulin Rouge’, por Christina Aguilera, es una canción de 1975 del grupo R&B, Labelle (tema llegó a estar en el número uno de algunas listas musicales).

Existen muchas canciones que no han sido hechas para el cine y sin embargo ya forman parte de el, algunas de ellas con arreglos o adaptaciones.

Un ejemplo es ‘I say a little prayer’ (1967), compuesta por Burt Bacharach. Tema que se interpretó en ‘La boda de mi mejor amigo’ (1997).

Y lo mismo sucede al revés, canciones populares que conocemos y nos gustan no nos imaginaríamos que son del cine.

  • ‘Begin the Beguine’ (1940), de Cole Porter
  • ‘Love is a many-Splendored thing’ (1955), de Sammy Fain

Solía ocurrir que algunas canciones que se hicieron famosas en cierta película ya se habían compuesto antes como;

  • ‘Singin in the rain’ (1929) de Nacio Herb Brown
  • ‘West side story’ (1957) de Leonard Bernstein
  • ‘The sound of music’ (1959) de Richard Rodgers

De ahí la importancia de conocer y apreciar toda la música, incluidas las canciones y los musicales. Nos enriquecemos y comprendemos mejor la historia de las bandas sonoras.

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