La composición para el cine

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Víctor Young

Componer es crear. Es por este motivo que un compositor inventa, escribe y hace música. Comienza el proceso de ir juntando piezas, vestir, estructurar. Se tiene que crear expectación, desarrollar un cuerpo y culminar con una conclusión. Es un trabajo duro y complicado.

Hay artistas que trabajan la técnica de manera sobresaliente, pero puede ser que les falte ‘inspiración’. Otros tal vez tengan un ‘don’ para la música, pero les falte sacrificio. Finalmente los hay que conjugan el esfuerzo con la inspiración, y entonces se convierten en genios de la música.

La creación de una banda sonora comienza con un momento emocionante: el compositor recibe el encargo y se sumerge en un proceso creativo que se divide en dos fases.

Primero, entender la visión del director y el papel de la música en la historia. Aquí entran en juego los límites creativos (género, público) y los recursos disponibles (tiempo, presupuesto). El compositor se pregunta: ¿La música acompañará la trama o actuará como contrapunto? ¿Qué atmósfera, o estructura narrativa reforzará mejor la película?

Segundo, el compositor decide qué extensión tendrá la música, dónde aparecerá y dónde el silencio será parte de la narración. Tras el intercambio con el director, se pasa a la grabación, la sincronización con la imagen y la mezcla final. El objetivo es lograr que la música no se perciba como un añadido, sino como parte del propio cine. Si no hay complicidad entre la historia y la música el espectador saldrá decepcionado.

Es cierto que muchas veces el director sugiere referencias musicales. Estas pueden orientar, pero también limitar la creatividad. El diálogo suele ser complejo, y requiere sensibilidad para traducir palabras en sonidos.

Es evidente que la música no es un simple adorno; cumple funciones vitales. Debe transmitir emociones, predisponer al espectador y dar realismo a la ficción. Debe aportar estilo y ambientación, situando la acción en un tiempo o género. Debe sostener el ritmo narrativo, dar continuidad y equilibrio, o incluso pasar desapercibida como un fondo que influye sin notarse. Y por supuesto, debe añadir significado, aportar información, reforzar al guion, guiar la mirada del espectador o evocar con leitmotivs la presencia de personajes o ideas.

Cada nota y cada silencio se conciben para enriquecer la historia, generar emoción y construir mundos que la imagen por sí sola no puede crear. Es un terreno donde lo técnico se une con lo poético, y donde el sonido tiene un mundo mágico a su alcance. La música de cine no solo acompaña, sino que explica, sugiere y transforma. Es emoción, arquitectura sonora y narrativa invisible al mismo tiempo. ¿Por qué no profundizamos más en esta cuestión?

Cada compositor tiene su estilo que se determina tanto por su personalidad, su formación o la época en que vive. Puede llegar a tener diferentes formas de expresarse que irán cambiando a medida que vaya madurando. A su vez, cada época lleva su propia ‘imprenta’, su propio sello.

La música de cine de los años treinta hasta los sesenta tenía un carácter muy definido. En los setenta se vio muy influenciada por los nuevos usos de la instrumentación electrónica y rítmica. Entre los ochenta y noventa se trabajó en su máxima expresión, combinando una estructura sinfónica, con gran instrumentación, voces corales, un uso eficiente de las nuevas posibilidades que ofrecían los sintetizadores y por supuesto, un cine en un momento álgido. En los últimos años cada vez se trabaja más con las tecnologías, instrumentos electrónicos y una música más ‘épica’, influida en muchos casos por un cine de héroes (de los cómics) y de acción, aventuras o ciencia ficción.

Componer no es nada sencillo. Hay que dominar todos los elementos de la música: el sonido, la armonía, el ritmo, la estructuración formal, la orquestación, etc.

Franz Waxman
Erich Wolfgang Korngold
Erich Wolfgang Korngold
Max Steiner
Max Steiner

Composición de bandas sonoras

En el fondo, la música de cine no es nada más y nada menos que poner melodía a la imagen (lo que en la práctica no es poco). Tal vez, muchos compositores clásicos hubieran deseado tener esta oportunidad. En todo caso, cuando escribían una partitura debían imaginar en su mente cómo transmitir en un ‘papel’ aquello que ‘veían’ en su interior, o su alrededor.

Un claro ejemplo es Vivaldi y ‘Las cuatro estaciones’. El contemplaba la naturaleza en toda su grandeza. Podía sentir y percibir las distintas etapas; el frío, el calor, la lluvia, etc. Comprendía la tonalidad, la fuerza, el sentimiento y el color que cada estación requería para expresarlo con la música.

La cantidad o duración de la música de una película no está, casi nunca, en función de la duración global de la película, pues son otros los factores que pudieran marcan esta condición. La decisión sobre dónde y durante cuánto tiempo participa la música en la película es una labor que se realiza normalmente entre el compositor, el director y el montador.

La obra debe crear el ambiente propicio. Por ejemplo; La escena ¿Requiere tensión, miedo, horror? ¿O tal vez debe despertar una sonrisa? ¿O quizás deba mover nuestras entrañas y emocionarnos? En los distintos estilos y géneros el compositor debe saber con claridad diáfana el objetivo de su trabajo y cómo la partitura debe ser una ‘compañía agradable’, que, de forma natural, vaya de la mano con la película. Por eso es tan importante la colaboración estrecha entre el compositor y el director.

Miklós Rózsa
Miklós Rózsa
John Williams y Steven Spielberg
John Williams y Steven Spielberg
Tim Burton y Danny Elfman
Danny Elfman y Tim Burton

Directores y compositores que han tenido un vínculo especial

En la película que hizo con su amigo Steven Spielberg, ‘La lista de Schindler’, Williams nos transmite a la perfección el sufrimiento y el dolor de la injusticia (que va más allá de la época nazi). 

Por cierto, cuando Spielberg le pidió a Williams que hiciera la partitura, este le dijo que ante semejante proyecto había otros compositores más capacitados. Spielberg le respondió que tenía razón, pero esos estaban muertos. Y ya hemos visto de lo que Williams fue capaz para dicha película.

El 'mejor' compositor y la 'mejor' banda sonora

Cada año Hollywood entrega el Óscar a “la mejor banda sonora” y “la mejor canción”. Al mismo tiempo, Internet se llena de listas sobre “los diez mejores compositores de cine”, “las cincuenta mejores bandas sonoras” o “los cien nombres imprescindibles”. Todo ello suele presentarse con apariencia de clasificación objetiva, como si el arte pudiera ordenarse del mismo modo que se ordenan los resultados de una competición o la cotización de una acción en bolsa. Sin embargo, en el terreno artístico, pocas palabras resultan tan discutibles como esa: “mejor”.

La cuestión es simple: ¿tiene realmente sentido hablar de “el mejor” compositor o de “la mejor” banda sonora? En el ámbito del arte, no del todo. Al menos no en el sentido absoluto que suele darse a esa expresión.

La palabra “mejor” funciona con naturalidad cuando hablamos de objetos medibles o de utilidades concretas. Un automóvil puede ser mejor que otro por su seguridad, su consumo o su rendimiento. Un ordenador puede superar a otro en velocidad o capacidad. Incluso un tarro de mermelada puede ser mejor que otro si sus ingredientes, su sabor o su calidad general lo justifican. Pero la música no fue creada para ser evaluada como una herramienta industrial ni para ser juzgada como un producto de consumo.

Cuando alguien afirma que John Williams es “mejor” que Ennio Morricone, o que Hans Zimmer supera a Jerry Goldsmith, normalmente no está formulando una verdad universal, sino expresando una preferencia personal. Y esa preferencia puede ser legítima, pero no deja de ser eso: una preferencia. ¿Cómo comparar de forma absoluta el lirismo sinfónico de Williams con la invención tímbrica de Morricone? ¿O la elegancia orquestal de Goldsmith con la fuerza atmosférica de Zimmer? Cada uno trabaja desde un lenguaje distinto, con una sensibilidad distinta y con una relación distinta con la imagen, el ritmo y la emoción.

La misma pregunta podría hacerse en otros ámbitos del arte. ¿Quién fue mejor: Velázquez o Goya? ¿Rakhmàninov o Chaikovski? ¿Miguel Ángel o Rembrandt? Planteado así, el problema no tiene una respuesta satisfactoria, porque el arte no es una carrera donde exista una línea de meta objetiva. No hay cronómetro, ni baremo universal, ni fórmula capaz de medir el valor estético de una obra con exactitud matemática.

Por eso, hablar de “los mejores” puede ser útil solo si se precisa muy bien el criterio. No es lo mismo decir que un compositor es el más influyente, el más innovador, el más decisivo o el más representativo de una época que afirmar, sin más, que es “el mejor”. Lo primero abre la puerta al análisis histórico y crítico; lo segundo suele cerrar la discusión con una sentencia que pretende ser definitiva, aunque en realidad dependa del gusto, del contexto y de la experiencia de quien la pronuncia.

Este es, precisamente, el problema de muchas listas y rankings musicales: confunden valoración con verdad absoluta. Se presentan como si establecieran un canon indiscutible, cuando en realidad reflejan una mezcla de criterios, modas, sensibilidades y preferencias. Una banda sonora puede conmover profundamente a una persona y dejar indiferente a otra; puede parecer imprescindible para alguien y secundaria para otro. Ninguna de esas respuestas invalida a la otra, porque la experiencia artística pertenece también a la memoria, a la emoción y a la biografía de cada oyente.

La música de cine no debería entenderse como una competición por ocupar el primer puesto de una lista imaginaria. Su valor reside en su capacidad para acompañar imágenes, intensificar significados, sugerir emociones y permanecer en la memoria del espectador. Y eso no se mide como se mide una marca o un rendimiento técnico.

Tal vez por eso, cuando alguien pregunta cuál es “la mejor” banda sonora de la historia, la respuesta más honesta no sea un nombre, sino una precisión: depende del criterio, del contexto y de la sensibilidad de quien escucha. En el arte, la grandeza no siempre consiste en ser “el mejor”, sino en ser irrepetible, significativo e inolvidable.

El arte no fue creado para decidir vencedores, sino para provocar emoción, memoria y belleza. Tal vez por eso, cuando alguien pregunta cuál es “la mejor” banda sonora de la historia, la respuesta más honesta sea otra pregunta: “¿Mejor… para quién?”

Joan Gutiérrez

El uso de las tecnologías

¿Te ha pasado que escuchas por primera vez una banda sonora y no sabes si los instrumentos que suenan son ‘naturales’ o es un sintetizador?

Cada vez se utiliza más la tecnología en la composición. Por un lado, están los costes económicos que supone tener a disposición una gran orquesta (sin contar el precio de los mismos instrumentos como es el caso del piano). Y por otro lado muchos sintetizadores de la actualidad ‘parecen’ realmente orquestas. A veces es difícil distinguir un sintetizador de un instrumento.

Nadie discute que la tecnología ha abierto puertas que presentan oportunidades en apariencia ilimitadas, y que cada día vemos cuando escuchamos algunas bandas sonoras. Pero, sin despreciar los sintetizadores, que cumplen una función importante, espero que sigamos disfrutando de los instrumentos ‘naturales’.

Estudio de musica fox
Cole Porter

Cole Porter

Ennio-morricone

Ennio Morricone

Hans Zimmer

Hans Zimmer

John Williams

John Williams

Troya

La música incidental rechazada

El ‘score’ o música incidental consiste en las composiciones que realzan y complementan la mayoría de las escenas en el filme como ‘música de fondo’. Cada compositor tiene su sello personal, imprime su carácter y como todo en la vida nos atraerán más unos que otros. Nos sentiremos más identificados con algunos, quizás sea por su romanticismo, o su energía y fuerza (o por otros motivos).

El compositor tiene unas ideas en su cabeza y ahora quiere expresarlas en un pentagrama. En el caso del compositor de cine tiene un elemento que le ‘marca’ o le dice sobre qué debe escribir y cómo debe hacerlo, aunque cada artista lo expresa de diversas formas (sería como pintar un paisaje desde el mismo lugar, pero con artistas distintos. Cada uno destacaría o se centraría en algo diferente del paisaje). Eso hace que en ocasiones el director de la película no tenga la misma visión o enfoque del compositor.

Eso ha significado que después de haber hecho toda la banda sonora, el director haya ‘rechazado’ la obra y buscado a otro para que escriba una partitura diferente.

Ni que decir tiene que, en muchas ocasiones, el compositor ‘sustituto’ dispone de muy poco tiempo para escribir la partitura antes de la comercialización de la película.

AñoPelículaRechazadoSustituto
2005‘King Kong’Howard ShoreJames Newton Howard
2004‘Troya’Gabriel YaredJames Horner
2002‘Gangs of New York’Elmer BernsteinHoward Shore
1998‘Más allá de los sueños’Ennio MorriconeMichael Kamen
1992‘El río de la vida’Elmer BernsteinMark Isham
1977‘El desafío del búfalo blanco’David ShireJohn Barry
1972‘Frenesí’Henry ManciniRon Goodwin
1969‘Los rateros’Lalo SchifrinJohn Williams
1968‘2001: Una odisea en el espacio’Alex NorthMúsica clásica
1966‘La Biblia’Ennio MorriconeToshiro Mayuzumi
1966‘Cortina rasgada’Bernard HerrmannJohn Addison